Publicado: 10 de diciembre de 2021

Mirando a través de los ojos de los demás

¿Alguna vez se preguntaron cómo vemos en colores? El resto de los animales ¿ven los colores igual que nosotros? Obviamente que la respuesta está en los ojos, que son nuestra ventana al mundo, y en particular en la retina, en donde existen dos tipos de células especializadas que envían la información que llega a nuestro cerebro a través de la luz que estas células reciben.

En primer lugar, tenemos a los bastones, que reciben ese nombre por su particular forma. Estas células son muy sensibles a la luz, por lo que son las responsables de nuestra visión nocturna. ¿Se dieron cuenta que cuanto más oscuro esté el ambiente, menos vemos en colores? Eso se debe a que en momentos de máxima oscuridad solo los bastones son los encargados de nuestra visión, aunque no tienen la capacidad de hacerlo en colores. 

En ambientes luminosos, entra en juego el segundo tipo de células de la retina sensibles a la luz: los conos. No funcionan en lugares muy oscuros, pero con buena luz son los responsables de nuestra visión en colores. ¿Y cómo lo hacen? En realidad, existen tres tipos de conos, cada uno de los cuales se activa con un determinado tipo de luz. Algunos reaccionan ante la luz roja, otros a la verde, y un tercer grupo a la azul. ¿Les suenan esos colores? Muchos canales de televisión utilizan estos tres colores para identificarse en sus logos, y eso se debe a que son los colores primarios que se utilizan para enviar imágenes a nuestras TV, ya que combinándolos de diferentes maneras e intensidades pueden dar lugar a todo el espectro de colores que conocemos. Cuando se mezclan en cantidades iguales luces con estos tres colores, obtenemos la sumatoria de todos ellos, que es la luz blanca.

¿Pero no nos enseñaron que los colores primarios son rojo, azul y amarillo? Bueno, eso depende de si estamos hablando de haces de luz (donde los colores se suman) o pigmentos (donde los colores se restan). Si mezclamos pigmentos rojo, azul y amarillo, obtenemos un color oscuro, marrón, gris o negro.  Actualmente se utilizan pigmentos amarillos, magenta y cian (¿también les suenan?), pero como no siempre dan un verdadero negro al combinarlos, en las impresoras suele agregarse un cuarto cartucho con ese fin. Un dato curioso: la combinación por pares de los colores primarios lumínicos genera los colores primarios de los pigmentos, y viceversa. Por ejemplo, si combinamos luz roja con verde nos da amarillo, y si mezclamos pigmento cian con magenta nos da azul.

Pero volvamos a lo que nos interesa, cómo vemos los colores. La luz que refleja lo que estamos viendo, por ejemplo, un cielo despejado, va a activar los conos específicos que corresponden a esos colores, en este caso una determinada proporción de conos azules y verdes, que van a representar un color similar al cian, cercano al celeste del cielo.

Entonces, ¿el resto de los animales también tienen tres tipos de conos y ven igual que nosotros? No todos, ya que hay una gran variabilidad en la naturaleza en cuanto a tipos y números de conos, y no todos son sensibles a los mismos colores que nosotros. Por ejemplo, los perros tienen solo dos tipos de conos, lo que hace que no vean muy bien el rojo, que es el tipo de cono que les falta en comparación con nosotros. De ninguna manera ven en blanco y negro como dice un antiguo mito. Por otro lado, nos superan ampliamente en el número de bastones, por lo que ven mucho mejor en la oscuridad. Las abejas también tienen tres tipos de conos, pero con uno de ellos pueden ver más allá del espectro de luz visible (que serían los colores del arco iris), lo que les permite detectar la luz ultravioleta. Muchas plantas han adaptado sus flores para que emitan en ese espectro lumínico, y de esa forma atraer más a las abejas, sus polinizadoras. De esta manera, una abeja casi nunca ve una flor de la misma manera que la vemos nosotros. Comprender cómo ve una paloma o una mariposa (cinco tipos de conos) o la langosta mantis, un animal marino con ¡doce tipos de conos!, va mucho más allá de nuestra imaginación.

Pero dejemos el mundo animal y volvamos a nosotros. Todos tenemos de alguna forma una percepción del mundo que nos rodea, y hemos visto que en gran parte eso se lo debemos a los sentidos. La mayoría de nosotros sabemos que el cielo es azul y el pasto es verde. Obviamente que hay excepciones, como en el caso del daltonismo, en donde solo existen dos tipos de conos. Pero, aquellos que tienen una visión “normal”, ¿ven el color del cielo y del pasto de la misma manera?

Nuestra percepción consciente del mundo, de la que se encargan las neuronas de nuestro cerebro, no solo depende de los estímulos externos que captan nuestros sentidos, sino que son ante todo la representación interna de esos estímulos. Y esto se debe a que estamos dotados de una noción intuitiva que nos permite distinguir entre estímulos similares. Esto nos permite, por ejemplo, distinguir entre dos caras que se parecen, o darnos cuenta si dos colores son similares entre sí.

En el laboratorio de la Dra. Inés Samengo (en el Instituto Balseiro y el Centro Atómico Bariloche) estudian desde hace muchos años estas divergencias de percepción de los colores entre diferentes personas. Esto se hace mediante el desarrollo de diversas pruebas, donde, por ejemplo, los voluntarios deben señalar cuando encuentran tenues cambios de color en una pantalla, si dos colores son idénticos en diferentes condiciones (por ejemplo, cuando son incluidos dentro de fondos con colores diferentes, lo que afecta de manera notoria la percepción), o variar la graduación de rojo, verde y azul para lograr que dos colores coincidan. 

Entre algunas de las conclusiones de este y otros grupos de investigación, podemos decir que algunas de las diferencias de percepción de los colores entre individuos están directamente relacionadas con la proporción de conos que poseen en su retina. Por lo general, existe entre un 1% y un 5% de conos azules, mientras que los otros dos tipos pueden variar en su distribución. En la mayoría de las personas hay más conos rojos que verdes, otras veces la proporción es 50%-50%, y en muy pocos casos hay más verdes que rojos.

A partir de estos datos y de las pruebas individuales, el grupo de la Dra. Samengo sostiene que sería posible deducir, a partir de fórmulas matemáticas, cómo sería la percepción de los colores de cada individuo de acuerdo con la proporción de conos que existe en su retina, incluso si el tipo de estos es mayor o menor que tres, como ocurre en otros animales.

Si bien puede resultar difícil imaginarse cómo ven otros animales, o incluso otras personas con las que nunca nos ponemos de acuerdo con ciertos colores a la hora de pintar una pared, este tipo de representaciones matemáticas podrían darnos una pista bastante cercana de las diferentes percepciones de color que ocurren en diferentes cerebros. 

Así que hoy podríamos decir que nunca fue más cierta la frase del famoso poeta español Ramón de Campoamor: “Y es que en el mundo traidor / nada hay verdad ni mentira: / todo es según el color / del cristal con que se mira”.
Autor: Alberto Díaz Añel para la SAN
Imagen destacada: Photo by v2osk on Unsplash

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